VIAJANDO A LA CIUDAD DE AYABACA
Luego
de atravesar los parajes desérticos acompañados por los algarrobos que
flanquean el tramo Piura - Sullana, seguimos la ruta Sullana - Las Lomas,
también adornada de algarrobos y de las exuberantes plantaciones de mango y
limón del valle de San Lorenzo, para entrar enseguida a la zona de bosque seco
hasta el cruce de Sajinos, en el distrito de Suyo, que divide la carretera que
va hacia Macará (Ecuador) y la que conduce a Ayabaca.
Transcurridas
cerca de tres horas, llegamos al cálido distrito de Paimas donde, si no tenemos
prisa, podemos tomar un breve descanso para degustar un buen café de Montero y
gran diversidad de platos típicos de la zona, en cualquiera de los numerosos restaurantes
que allí ofrecen sus servicios. Luego, dejando la pista de asfalto, continuamos
el viaje por una carretera afirmada y en buen estado de conservación, siguiendo
la ruta de la margen derecha aguas arriba del río Quiroz, escoltados por enormes
ceibos coronados de algodón que nos recuerdan a los personajes de ficción que vimos
en Alliens. También se encuentran las "Zambas", flores que aparecen
cuando los ramales que las sujetan se deshojan y los arrozales que están a lo
largo del río hasta el Puente Tondopa, antigua infraestructura que conserva sus
bases incaicas y en el que, según los pobladores, "se unieron las piedras
con sangre humana".
A
partir de este puente, ingresamos a la comunidad de Arraypite – Pingola, donde
se inicia la cuesta que en forma zigzagueante nos vamos envolviendo en una larga
franja de carretera, la que nos va elevando sutilmente a las verdes alturas. En
el transcurso de este tramo, el viajero podrá disfrutar de los paisajes más
hermosos e indescriptibles de la sierra piurana; especialmente aquellos que se
visualizan al atardecer, a la puesta del sol.
Terminada
la cuesta, llegamos al caserío de Pingola, que en su último tramo nos interna
en un manto de neblina que nos hace sentir que estamos viajando sobre las
nubes.


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