viernes, 7 de junio de 2013

VIAJANDO A LA CIUDAD DE AYABACA

 
Luego de atravesar los parajes desérticos acompañados por los algarrobos que flanquean el tramo Piura - Sullana, seguimos la ruta Sullana - Las Lomas, también adornada de algarrobos y de las exuberantes plantaciones de mango y limón del valle de San Lorenzo, para entrar enseguida a la zona de bosque seco hasta el cruce de Sajinos, en el distrito de Suyo, que divide la carretera que va hacia Macará (Ecuador) y la que conduce a Ayabaca.

 
 
 
 
 
 
 Transcurridas cerca de tres horas, llegamos al cálido distrito de Paimas donde, si no tenemos prisa, podemos tomar un breve descanso para degustar un buen café de Montero y gran diversidad de platos típicos de la zona, en cualquiera de los numerosos restaurantes que allí ofrecen sus servicios. Luego, dejando la pista de asfalto, continuamos el viaje por una carretera afirmada y en buen estado de conservación, siguiendo la ruta de la margen derecha aguas arriba del río Quiroz, escoltados por enormes ceibos coronados de algodón que nos recuerdan a los personajes de ficción que vimos en Alliens. También se encuentran las "Zambas", flores que aparecen cuando los ramales que las sujetan se deshojan y los arrozales que están a lo largo del río hasta el Puente Tondopa, antigua infraestructura que conserva sus bases incaicas y en el que, según los pobladores, "se unieron las piedras con sangre humana".
 

A partir de este puente, ingresamos a la comunidad de Arraypite – Pingola, donde se inicia la cuesta que en forma zigzagueante nos vamos envolviendo en una larga franja de carretera, la que nos va elevando sutilmente a las verdes alturas. En el transcurso de este tramo, el viajero podrá disfrutar de los paisajes más hermosos e indescriptibles de la sierra piurana; especialmente aquellos que se visualizan al atardecer, a la puesta del sol.
Terminada la cuesta, llegamos al caserío de Pingola, que en su último tramo nos interna en un manto de neblina que nos hace sentir que estamos viajando sobre las nubes.
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Transcurridas un poco más de cinco horas de entretenido viaje, Ayabaca nos recibe con
El Mirador de Chanurán desde donde, mirando hacia el este y en la cima de la cordillera del frente, visualizamos al Apu Aypate.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 

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